Directorio «Pueros Baptizatos»
Directorio de la Congregación para el Culto Divino, de 1 de noviembre de 1973, para las Misas con niños.
Edición latina: Acta Apostolicae Sedis 66 (Ciudad del Vaticano, Typis Polyglottis Vaticanis, 1974), pp. 30 46.
INTRODUCCIÓN
1. La Iglesia debe cuidar especialmente de los niños bautizados cuya iniciación ha de ser completada por los sacramentos de la confirmación y la Eucaristía, y también de aquellos que han sido recientemente admitidos a la sagrada comunión, ya que las condiciones de la vida actual en las que estos niños crecen son poco favorables a su progreso espiritual.1 Además, sucede con frecuencia que los padres apenas cumplen las obligaciones de educación cristiana de sus hijos, obligaciones que aceptaron al bautizarlos.
2. Existe una particular dificultad para la educación de los niños en la Iglesia por el hecho de que las celebraciones litúrgicas, especialmente las eucarísticas, no ejercen plenamente sobre ellos la fuerza pedagógica que les es propia.2 A pesar del empleo autorizado de la lengua vernácula, las palabras y signos no se adecúan suficientemente a la capacidad de los niños.
Es cierto que en la vida diaria los niños no comprenden siempre bien todo lo que realizan en compañía de los adultos, sin que por ello lo encuentren aburrido. Del mismo modo, no podemos pretender que todas y cada una de las cosas de la liturgia sean perfectamente inteligibles para ellos. Sin embargo, es de temer algún daño espiritual si los niños en la Iglesia realizan una y otra vez cosas que apenas entienden, ya que la psicología moderna demuestra con qué profundidad marca a los niños la experiencia religiosa de la infancia y de la niñez, en virtud de la especial receptividad religiosa de que ellos gozan.3
3. La Iglesia, siguiendo a su Maestro, que «los abrazaba y los bendecía»4 no puede dejar a los niños abandonados a sí mismos en estas condiciones.
Por ello, apenas concluido el Concilio Vaticano II, que ya en su Constitución sobre la sagrada liturgia trató de la necesidad de adaptar la liturgia a los diversos grupos,5 se empezó a estudiar la participación de los niños en la liturgia. En esta ocasión, el Presidente del Consilium para la aplicación de la Constitución sobre la sagrada liturgia dijo explícitamente que no se trataba de «elaborar un rito totalmente especial, sino más bien de retener, abreviar u omitir ciertos elementos y seleccionar algunos textos más adaptados».6
4. Después de haber establecido mediante la Ordenación general del Misal Romano, editada el año 1969, todos y cada uno de los elementos de la celebración eucarística con participación del pueblo, esta Congregación, siguiendo las peticiones recibidas constantemente de todo el orbe católico, comenzó a elaborar un Directorio particular para las misas con niños, a modo de suplemento de esa Ordenación general, con la colaboración de expertos, hombres y mujeres, de todas las naciones.
5. En este Directorio, lo mismo que en la Ordenación general, algunas adaptaciones se reservan a las Conferencias Episcopales y a cada uno de los Obispos (cf. núms. 19, 32 y 33).
Las mismas Conferencias Episcopales deben proponer a la Santa Sede, de acuerdo con el número 40 de la Constitución sobre la sagrada liturgia, para ser introducidas con su consentimiento, aquellas adaptaciones para las misas con niños que juzguen quizá necesarias y que, por otra parte, no puedan figurar en el Directorio general.
6. El Directorio tiene presentes a los niños que no han llegado todavía a la edad que se conoce como pre-adolescencia. De suyo no se refiere a los niños fisica o mentalmente incapacitados, ya que para éstos sería necesario una mayor adaptación;7 no obstante, las normas siguientes, con algunas modificaciones, pueden también aplicarse a ellos.
7. En el primer capítulo del Directorio (núms. 8-15) se establecen los principios fundamentales de donde se deducen las diversas formas de introducir a los niños en la liturgia eucarística; el segundo capítulo (núms. 16-19) trata brevemente de las misas con adultos en las que participan también niños; por fin, el capítulo tercero (núms. 20-54) trata más ampliamente de las misas con niños en que participan solamente algunos adultos.
CAPÍTULO I
INTRODUCCIÓN DE LOS NIÑOS
EN LA CELEBRACIÓN EUCARISTICA
8. Puesto que no se puede pensar una vida plenamente cristiana sin la participación en los actos litúrgicos en los que los fieles, congregados en asamblea, celebran el misterio pascual , la iniciación religiosa de los niños no puede permanecer ajena a este aspecto.8
La Iglesia, que bautiza a los niños confiando en los dones que proporciona este sacramento, debe cuidar de que los bautizados crezcan en comunión con Jesucristo y con los hermanos, de cuya comunión es signo y prenda la participación en la mesa de la Eucaristía; para esta participación han de ser preparados y conducidos en la comprensión más profunda de su significado. Tal formación litúrgica y eucarística no puede separarse de la educación general humana y cristiana; es más, sería perjudicial que la formación litúrgica careciese de ese fundamento.
9. Por tanto, todos aquellos a quienes incumbe la educación de los niños han de tender, uniendo sus fuerzas y poniendo en común sus reflexiones a que ellos, aun cuando tengan ya un cierto sentido de Dios y de las realidades divinas, adquieran también una experiencia, de acuerdo con su edad y con su progreso personal, de los valores humanos subyacentes en la celebración eucarística, tales como la acción comunitaria, el saludo, la capacidad de escuchar y también de pedir y otorgar el perdón, la expresión del agradecimiento, la experiencia de las acciones simbólicas, del convite fraternal, de la celebración festiva.9
Es función de la catequesis eucarística, de la que se habla en el número 12, desarrollar estos valores humanos a fin de que los niños, de un modo gradual, de acuerdo con su edad y condiciones psicológicas y sociales, abran su espíritu a la percepción de los valores cristianos y a la celebración del misterio de Cristo.10
10. A la familia cristiana corresponde principalmente inculcar a los niños estos valores humanos y cristianos.11 Por tanto, la formación cristiana que se proporcione a los padres o a otras personas a quienes incumbe la formación de los niños debe ser grandemente fomentada, también en razón de la formación litúrgica de los niños.
En virtud de la obligación de conciencia que libremente aceptaron en el bautismo de sus hijos, los padres deben enseñarles gradualmente a orar, rezando diariamente con ellos y enseñándoles a rezar privadamente.12 Si los niños, preparados de este modo desde sus tiernos años, participan en la misa con la familia, siempre que lo desean, empezarán con más facilidad a cantar y a orar en la comunidad litúrgica, más aún, presentirán de algún modo ya el misterio eucarístico.
Si, en cambio, los padres son más débiles en la fe y, sin embargo, desean proporcionar a sus hijos una formación cristiana, al menos se les debe invitar a que traten con sus hijos de los valores humanos enumerados más arriba y a que tomen parte, cuando se presente la ocasión, en reuniones de padres y en celebraciones no eucarísticas que se realizan con niños.
11. También las comunidades cristianas, a las que pertenecen cada una de las familias y en las que viven los niños, tienen obligaciones respecto a los niños bautizados en la Iglesia. La comunidad cristiana que da testimonio del Evangelio, que vive la caridad fraterna, que celebra activamente los misterios de Cristo, es la mejor escuela de formación cristiana y litúrgica para los niños d que viven en ella.
Dentro de la comunidad cristiana, los padrinos y otras personas reputadas por su actuación, movidas por celo apostólico pueden prestar una valiosa ayuda a las familias que apenas cumplen su papel en la educación de sus hijos, para la debida catequización de los niños.
Las instituciones pre-escolares, las escuelas católicas y los diversos grupos de niños pueden contribuir a estos objetivos con una particular eficacia.
12. Aun cuando la misma liturgia ejerce siempre sobre los niños su propia fuerza didáctica,13 debe concedérsele una gran importancia, dentro de la formación catequética escolar y parroquial, a la catequesis sobre la misa,14 que ha de llevar a una participación en ella activa, consciente y auténtica.15 Tal catequesis, «adaptada a la edad y capacidad de los niños, debe tender a que conozcan la significación de la misa por medio de los ritos principales y por las oraciones, incluso lo que atañe a la participación en la vida de la Iglesia».16 Esto vale sobre todo para los textos de la plegaria eucarística y para las aclamaciones por las que los niños participan en ella.
Merece especial mención la catequesis de los niños para la primera comunión. En ella no han de aprender solamente las verdades de fe relativas a la Eucaristía, sino cómo, preparados por la penitencia según su propia capacidad, insertos plenamente en el Cuerpo de Cristo, pueden tomar parte activa con el pueblo de Dios en la Eucaristía, participando en la mesa del Señor y en la comunidad de los hermanos.
13. En la formación litúrgica de los niños y en su preparación para la vida litúrgica de la Iglesia debe concederse una gran importancia a las celebraciones de diverso género mediante las cuales los niños, por la fuerza misma de la celebración, perciben más fácilmente algunos elementos litúrgicos, tales como el saludo, el silencio, la alabanza común, sobre todo aquella que se realiza cantando en común. Debe cuidarse, sin embargo, de que tales celebraciones no revistan un carácter excesivamente didáctico.
14. En estas celebraciones debe darse a la palabra de Dios una importancia cada vez mayor según la capacidad de los niños. Más aún, a medida que crezca su capacidad espiritual, téngase con ellos con mayor frecuencia celebraciones de la palabra de Dios propiamente dichas, sobre todo en tiempo de Adviento y Cuaresma.17 Tales celebraciones pueden fomentar grandemente el aprecio de la palabra de Dios por parte de los niños.
15. Toda formación litúrgica y eucarística, teniendo en cuenta lo que acabamos de decir, debe tender siempre a que la vida diaria de los niños esté cada vez más de acuerdo con el Evangelio.
CAPÍTULO II
MISAS CON ADULTOS EN LAS QUE PARTICIPAN TAMBIÉN NIÑOS
16. En muchos lugares, sobre todo los domingos y días festivos, se celebran misas parroquiales en las que participa un cierto número de niños junto con numerosos adultos. En estas misas el testimonio de los fieles adultos puede tener una gran influencia sobre los niños. Pero también los adultos obtienen un gran provecho espiritual, puesto que en tales celebraciones experimentan el papel que corresponde a los niños en la comunidad cristiana. El espíritu cristiano de las familias se desarrolla poderosamente si los niños participan en estas misas en compañía de sus padres y de otros miembros de la familia.
A los más pequeños, que no pueden o no quieren participar todavía en la misa, se les puede llevar al final de ésta para que reciban la bendición junto con la comunidad. Durante la misa han podido estar en un separado, al cuidado de personas colaboradoras de la parroquia.
17. Sin embargo, en estas misas debe evitarse cuidadosamente que los niños se sientan incómodos a causa de su incapacidad para participar y comprender lo que se hace y proclama en la celebración. Al menos habrá que tener de alguna manera en cuenta su presencia, por ejemplo, dirigiéndose a ellos de manera especial en las moniciones (por ejemplo: al principio o al final de la misa) y en alguna parte de la homilía.
Más aún, en algunas ocasiones, si las condiciones del lugar y las personas lo permiten, puede ser oportuno celebrar con los niños la liturgia de la palabra en un local separado, pero no demasiado alejado; antes de comenzar la liturgia eucarística serían introducidos en el sitio donde entre tanto los adultos habrían celebrado su propia liturgia de la palabra.
18. Puede ser muy útil en estas misas confiar a los niños ciertas funciones, corno llevar los dones o ejecutar alguno de los cantos de la misa.
19. Alguna vez, si el número de niños es notable, pueden organizarse estas misas de manera que respondan más a las exigencias de los niños. En este caso, la homilía se dírigirá a ellos de tal manera que también los adultos puedan sacar fruto. Además de las adaptaciones prescritas ya en el Ordinario de la misa, algunas de las adaptaciones descritas aquí podrán ser realizadas, donde el Obispo lo permita, en las misas con adultos en las que participan niños.
CAPÍTULO III
MISAS CON NIÑOS EN QUE PARTICIPAN SOLAMENTE ALGUNOS ADULTOS
20. Además de las misas en las que participan los niños con sus padres y otros miembros de la familia, lo cual ni siempre ni en todas partes es realizable, se recomienda que, sobre todo durante la semana, se celebren misas con los niños solos, en las que participen tan sólo algunos adultos. Todos estamos persuadidos, desde el comienzo de la reforma litúrgica, que estas misas necesitan ciertas adaptaciones (cf. núm. 3).
De estas adaptaciones, limitándonos a las más generales, se hablará más abajo (núms. 38-54).
21. Habrá que tener siempre presente que tales celebraciones eucarísticas deben ir introduciendo a los niños a las misas de los adultos, sobre todo a aquellas a las que la comunidad cristiana debe asistir los domingos.18 Por ello, salvo las adaptaciones necesarias a la edad, no deben establecerse ritos totalmente especiales que se diferencien demasiado del Ordinario de la misa que se celebra con el pueblo.19 La finalidad de los diversos elementos debe responder siempre a lo que se dijo de cada uno de ellos en la Ordenación general del Misal Romano. Aunque alguna vez, por razones pastorales, no puede inculcarse una identidad absoluta.
Oficios y ministerios en la celebración
22. Los principios para una participación activa y consciente son válidos a fortiori si las misas se celebran con niños. Por ello, debe cuidarse de que todo se haga de tal inanera que esa participación se aumente e intensifique. Por esta razón, el mayor número posible de niños deben desempeñar cometidos especiales en la celebración; así, por ejemplo, preparar el local y el altar (cf. núm. 29), ejercer el oficio de cantor (cf. núm. 24), cantar en el coro, tocar instrumentos musicales (cf. núm. 32), proclamar las lecturas (cf. núms. 24 y 47), responder durante la homilía (cf. núm. 48), recitar las intenciones de la oración universal, llevar los dones al altar, así como otras funciones similares de acuerdo con las costumbres de los distintos lugares (cf. núm. 34).
Para fomentar la participación, algunas veces sera útil emplear algunas adiciones; por ejemplo: exponer motivos de acción de gracias antes de que el sacerdote dé comienzo al diálogo del prefacio.
En todo esto debe tenerse presente que las acciones externas pueden quedar infructuosas o incluso ser nocivas si no sirven para una participación interna de los niños. Por ello, el silencio sagrado tiene también su momento en las misas de los niños (cf. núm. 37). Póngase el máximo cuidado para que los niños no olviden que todas las formas de participación alcanzan su cima en la comunión eucarística, en la que se recibe el Cuerpo y la Sangre de Cristo como alimento espiritual.20
23. El sacerdote que celebra la misa con los niños se esforzará en realizar una celebración festiva, fraterna, meditativa (cf. núm. 37); más todavía que en las misas con adultos, esta disposición de ánimo en la celebración debe ser suscitada por el sacerdote. Depende de su preparación personal y del modo de comportarse y de hablarles.
Debe preocuparse ante todo de la dignidad, claridad y simplicidad de los gestos. Hablando a los niños debe expresarse de tal modo que le puedan entender fácilmente, evitando, sin embargo, formas demasiado pueriles.
Las moniciones que se hagan libremente21 deben conducir a los una participación litúrgica auténtica y no ser meras exposiciones didácticas.
Ayudará para mover la afectividad de los niños que el sacerdote les invite algunas veces con sus propias palabras, por ejemplo, para el acto penitencial, para la oración sobre las ofrendas, para la oración dominical, para el acto de darse la paz, para la comunión.
24. Puesto que la Eucaristía es siempre acción de toda la comunidad eclesial, es de desear la participación al menos de algunos adultos que toman parte en la misa, no como vigilantes, sino como orantes, y que ayuden a los niños cuando sea necesario.
Nada impide que alguno de estos adultos que participan en la misa con los niños, con permiso del párroco o del rector de la iglesia, les dirija la palabra después del evangelio, sobre todo si el sacerdote se adapta con dificultad a la mentalidad de los niños. Sobre este punto obsérvense las normas que publicará próximamente la Sagrada Congregación del Clero.
También en las misas con niños debe fomentarse la diversidad de ministerios, a fin de que la celebración manifieste su carácter comunitario22 empléense, por ejemplo, lectores y cantores, bien de entre los niños, o bien de entre los adultos. De este modo, la variedad de voces evitará el aburrimiento.
Lugar y tiempo de la celebración
25. El lugar principal de la celebración eucarística con niños es la iglesia en la cual, si es posible, ha de elegirse con cuidado el espacio, de tal manera que responda al número de participantes y puedan los niños desenvolverse tu libremente de acuerdo con las exigencias de una liturgia viva, adecuada a su edad.
No obstante, si la iglesia no responde a estos postulados, podría ser oportuno celebrar la Eucaristía con los niños fuera del lugar sagrado, pero entonces el lugar debe ser apto y digno de tal celebración.23
26. Para las misas con niños elíjase aquel momento del día que responde mejor a las circunstancias en que ellos viven, de tal manera que puedan estar predispuestos al máximo para oír la palabra de Dios y celebrar la Eucaristía.
27. La misa durante la semana, en la que participan los niños, ciertamente se celebrará con mayor fruto y menos peligro de aburrimiento, si (por ejemplo: en los colegios en que los niños viven juntos) no se hace diariamente; además, podrá prepararse mejor si entre varias celebraciones media un amplio espacio de tiempo.
Mientras tanto, debe preferirse la plegaria en común, en la cual también los niños pueden participar de un modo espontáneo, o la meditación en común o la celebración de la palabra de Dios, la cual debe ser prolongación de anteriores celebraciones eucarísticas y ha de servir para que otras posteriores sean participadas más profundamente.
28. Siempre que el número de niños que celebran juntos la Eucaristía sea excesivo resultará más dificil conseguir una participación atenta y consciente. Por tanto, si es posible, constitúyanse varios grupos atendiendo no tanto a la edad, cuanto a su situación respecto a su formación religiosa y preparación catequética.
Los días entre semana, estos grupos deben ser invitados oportunamente al sacrificio de la misa en días diversos.
Preparación de la celebración
29. Cualquier celebración con niños debe prepararse, especialmente las oraciones, cantos, lecturas, intenciones de la oración universal, de acuerdo con los adultos y con los niños que ejercen algún ministerio especial en estas misas Si es posible, algunos de estos niños deben participar en el adorno del lugar de la celebración y en la preparación del cáliz, la patena y las vinajeras.
Salvando la participación interna, estas acciones pueden servir también para fomentar el sentido comunitario de la celebración.
Canto y música
30. El canto, si bien hay que darle gran importancia en todas las celebraciones, debe fomentarse de manera especial en las misas con niños, por razón de su peculiar afinidad con la música, teniendo en cuenta el carácter propio de los diversos pueblos y la propia capacidad de los niños.24
Donde sea posible, las aclamaciones, especialmente las propias de la Plegaria eucarística, deben ser cantadas por los niños, mejor que recitadas.
31. En orden a una participación más fácil de los niños en los cantos del Gloria, Credo, Sanctus y Agnus Dei pueden emplearse, con temas musicales adecuados, interpretaciones populares, aprobadas por la autoridad competente, aun cuando no concuerden plenamente con los textos litúrgicos.25
32. También en las misas con niños «los instrumentos musicales pueden ser de gran utilidad»,26 de modo especial si son tocados por los mismos niños. Contribuyen, bien a sostener el canto o bien a alimentar la meditación de los niños; al mismo tiempo, expresan a su manera el gozo festivo y la alabanza a Dios.
Póngase gran cuidado siempre en que la música no prevalezca sobre el canto ni que sea causa de distracción para los niños en vez de edificación; debe responder a la finalidad que ha sido asignada a cada uno de los momentos en que se emplea la música en la misa.
Con estas mismas cautelas, con la debida circunspección y particular discreción, podrá emplearse la música grabada, en las misas con niños, según las normas establecidas por las Conferencias Episcopales.
Los gestos
33. Teniendo en cuenta la naturaleza de la liturgia en cuanto acción de todo el hombre y la psicología de los niños, debe fomentarse grandemente en las misas con niños, de acuerdo con su edad y la costumbre del lugar, la participación por el gesto y la postura del cuerpo.
Depende no sólo de los gestos del sacerdote (cf. núm. 23), sino también de la manera como toda la comunidad de niños se comporte.
Si alguna Conferencia Episcopal, en conformidad con la norma de la Ordenación general del Misal Romano, se decide a adaptar los gestos de la misa al carácter propio de un pueblo,27 deberá tener en cuenta la condición especial de los niños o determinar sólo para los niños tales adaptaciones.
34. Entre las acciones que se entienden como gestos merecen especial mención las procesiones y otras acciones que llevan consigo la participación del cuerpo.
La entrada procesional de los niños con el sacerdote puede ayudar se entienda mejor que en ese momento se constituye la comunidad;28 la participación de algunos niños, al menos, en la procesión con el Evangelio expresa más claramente la presencia de Cristo que anuncia la palabra a su pueblo; la procesión de los niños con el cáliz y los dones expresa mejor la fuerza y el sentido de la preparación de los dones; la procesión para la comunión, debidamente ordenada, ayuda mucho para cultivar la piedad de los niños.
Los elementos visuales
35. La misma liturgia de la misa contiene muchos elementos visuales, a los que debe concederse máxima importancia respecto a los niños. Esto vale sobre todo para los elementos visuales peculiares que aparecen en el transcurso del año litúrgico, como son la adoración de la cruz, el cirio pascual, las velas en la fiesta de la Presentación del Señor, la diversidad de ornamentos y colores litúrgicos.
Además de estos elementos visuales, inherentes a la misma celebración y al lugar de la celebración, podrá ser oportuno introducir otros que permitan a los niños contemplar las maravillas realizadas por Dios en la creación y en la redención y que mediante la vista susciten la plegaria. Jamás la liturgia debe aparecer como algo árido y puramente conceptual.
36. Por el mismo motivo, puede ser muy útil el uso de imágenes preparadas por los mismos niños, como, por ejemplo, para ilustrar la homilía, para hacer visibles las intenciones de la oración universal, para inspirar la meditación.
El silencio
37. También en las misa con niños, «como parte de la celebración, ha de guardarse en su tiempo silencio sagrado»29 para que no se conceda lugar excesivo a la acción externa, pues también los niños, a su manera, son realmente capaces de meditar. Sin embargo, tienen necesidad de una cierta formación para que aprendan, según los diversos momentos (por ejemplo, después de la comunión30 o también después de la homilía), a entrar en sí mismos y meditar brevemente y alabar y rezar a Dios en su corazón.31
Además se debe cuidar –y con más diligencia aún que en las misas con adultos– que los textos litúrgicos sean leídos sin apresuramiento , inteligiblemente y con las pausas necesarias.
Las partes de la misa
38. Respetando siempre la estructura general de la misa, que «podernos decir que consta de dos partes: la liturgia de la palabra y la liturgia eucarística», así corno de ciertos ritos que abren y concluyen la celebración,32 parecen necesarias las siguientes adaptaciones dentro de cada una de las partes de la celebración para que realmente los niños descubran, a su modo, según las leyes de la psicología de la infancia, «este misterio de fe... a través de los ritos y oraciones».33
39. A fin de no establecer una excesiva diferencia entre las misas con niños y las misas con adultos (cf. núm. 21), algunos ritos y textos no deben ser adaptados a los niños, tales como «las aclamaciones y respuestas de los fieles a los saludos del sacerdote»,34 la oración dominical, la fórmula trinitaria al final de la bendición con la que el sacerdote concluye la misa. Se aconseja también que los niños –salvo el uso del Símbolo de los Apóstoles, de que se habla en el número 49– se acostumbren paulatinamente al Símbolo niceno-constantinopolitano.
a) Los ritos iniciales
40. Puesto que la finalidad de los ritos iniciales «es hacer que los fieles reunidos constituyan una comunidad y se dispongan a oír como conviene la palabra de Dios y a celebrar dignamente la Eucaristía»,35 se debe procurar que nazca en los niños esta disposición y que no se desfigure por una excesiva acumulación de ritos en este momento.
Por ello, alguna vez será conveniente omitir uno u otro de los elementos de los ritos iniciales, o quizá desarrollar más alguno de ellos. Siempre deberá haber, al menos, algún elemento introductorio que se concluirá con la colecta. En la elección de cada uno de los elementos debe buscarse que cada uno aparezca en su momento y que ninguno sea totalmente desechado.
b) La lectura de la palabra de Dios y su explicación
41. Puesto que las lecturas tomadas de la Sagrada Escritura «constituyen la parte principal de la liturgia de la palabra»,36 tampoco en las misas se celebran con niños debe faltar la lectura bíblica.
42. En cuanto al número de lecturas en los domingos y días festivos, obsérvese lo decretado por las Conferencias Episcopales. Si las tres o dos lecturas presentadas para los domingos y ferias respectivamente no pueden ser atendidas por los niños sin dificultad, se permite elegir dos o una de ellas; no obstante, nunca debe faltar la lectura tomada del Evangelio.
43. Si todas las lecturas señaladas para un día se ve que no van a captadas por los niños, está permitido elegir las lecturas o lectura bien del Leccionario del Misal Romano o directamente de la Biblia, teniendo en cuenta, sin embargo, los tiempos litúrgicos.
Se aconseja que cada una de las Conferencias Episcopales procure confeccionar un Leccionario para misas con niños.
Si por falta de captación de los niños pareciera necesario omitir este o aquel versículo de la lectura bíblica, debe hacerse con cuidado y de tal manera que no «queden mutilados el sentido del texto o su espíritu y el, diríamos, estilo propio de la Escritura».37
44. El criterio para elegir las lecturas debe ser la calidad más que la cantidad del texto de la Sagrada Escritura. Una lectura breve no es siempre y por sí misma más adecuada a los niños que otra prolongada. Todo depende del provecho espiritual que pueda proporcionarles.
45. Puesto que en el mismo texto bíblico «Dios habla a su pueblo... y el mismo Cristo, por su palabra, se hace presente en medio de los fieles»,38 han de evitarse las «paráfrasis» del texto de la Sagrada Escritura. Se recomienda en cambio, el uso de las versiones que, admitidas por la autoridad competente, posiblemente existan ya para la catequesis de los niños.
46. Entre las lecturas se cantará o versículos de los salmos elegidos cuidadosamente en concordancia con la inteligencia de los niños, o un cántico a la manera de los salmos, o el «Aleluya» con un versículo sencillo. Los niños deben tornar siempre parte en estos cánticos. Nada impide que alguna vez a reemplace al canto un silencio meditativo.
Si solamente se elige una lectura, el canto puede realizarse después de la homilía.
47. Para que los niños hagan suyas las lecturas bíblicas y descubran más cada día la dignidad de la palabra de Dios, debe concederse una gran importancia a todos los elementos que sirven para interpretar las lecturas.
Entre estos elementos hay que enumerar las moniciones que preceden a las lecturas39 y que preparan a los niños para escuchar bien y provechosamente, ya sea explicando el contexto o haciendo una introducción al texto. En la misa del Santo del día, para hacer comprender e ilustrar las lecturas de la Sagrada Escritura, se pueden narrar algunas cosas de su vida no sólo en la homilía, sino también antes de las lecturas, a modo de monición.
Cuando el texto de la lectura lo aconseja, puede ser útil que los mismos niños lo lean distribuyéndose partes distintas, tal como está establecido para la lectura de la Pasión en Semana Santa.
48. En todas las misas con niños debe concederse una gran importancia a la homilía, por la que se explica la palabra de Dios. La homilía destinada a los niños, alguna vez, puede realizarse en diálogo con ellos, a no ser que se prefiera que escuchen en silencio.
49. Si hay que recitar el Símbolo al final de la liturgia de la palabra, para los niños puede utilizarse el Símbolo de los Apóstoles, el cual forma parte de su formación catequética.
c) Las oraciones presidenciales
50. Para que el sacerdote consiga que los niños se asocien a sus oraciones presidenciales puede elegir los textos del Misal Romano más aptos para ellos, teniendo en cuenta, sin embargo, el año litúrgico.
51. Algunas veces el principio de selección no será suficiente para que los niños consideren las oraciones como expresión de la propia vida y de su experiencia religiosa,40 ya que las oraciones han sido compuestas para los fieles adultos. En este caso, nada impide que el texto de las oraciones del Misal Romano se adapte a las necesidades de los niños; sin embargo, debe hacerse de tal manera que, salvando el fin y de alguna manera la sustancia, se evite todo aquello que es extraño a las oraciones presidenciales como, por ejemplo, las exhortaciones morales y los modos de hablar demasiado pueriles.
52. En la Eucaristía que se celebra con los niños corresponde la máxima importancia a la plegaria eucarística, que es el culmen de toda la celebración.41 Depende mucho del modo cómo el sacerdote proclama esta plegaria (cf. núms. 23 y 37) y de cómo participen los niños escuchando y aclamando.
La misma disposición espiritual que se requiere en esta parte central de la celebración, la tranquilidad y reverencia con que debe hacerse todo, debe contribuir a que los niños estén atentos a la presencia real de Cristo en el altar bajo las especies de pan y vino, a su oblación, a la acción de gracias por él y con él, y también a la ofrenda de la Iglesia que en ese momento se realiza y en la cual los fieles se ofrecen a sí mismos y a su vida con Cristo al Padre en el Espíritu Santo.
Por el momento y hasta que la Santa Sede disponga otra cosa para las misas con niños, deben emplearse las cuatro plegarias aprobadas por la suprema autoridad para las misas con adultos e introducidas ya en el uso litúrgico.
d) Los ritos que preceden a la comunión
53. Acabada la plegaria eucarística, siempre han de seguir la oración dominical, la fracción del pan y la invitación a la comunión (cf. núm. 23), ya que estos elementos son de una gran importancia en esta parte de la misa.
e) La comunión y los ritos que la siguen
54. Todo debe hacerse de tal forma que los niños, que debidamente preparados han sido ya admitidos a la Eucaristía, se acerquen con tranquilidad y recogimiento de espíritu a la sagrada mesa para participar del misterio eucarístico. Donde sea posible, durante la procesión para la comunión se cantará un cántico apropiado a los niños.42
La monición que precede a la bendición final,43 en las misas con niños es de suma importancia, ya que ellos necesitan, antes de que sean despedidos, de cierta repetición y aplicación de lo que han oído; debe hacerse, no obstante, con brevísimas palabras. Especialmente en este momento debe hacerse patente, oportunamente, el nexo entre la liturgia y la vida.
Al menos en algunas ocasiones, según los tiempos litúrgicos y en diversas circunstancias importantes en la vida de los niños, el sacerdote empleará fórmulas más desarrolladas de bendición, manteniendo siempre la fórmula trinitaria con el signo de la cruz al final (cf. núm. 39).
* * *
55. Todo cuanto contiene este Directorio pretende que los niños, libremente y con alegría, puedan, en la celebración de la Eucaristía, caminar juntos al encuentro de Cristo y estar con él en la presencia del Padre.44 Formados en una participación consciente y activa en el sacrificio y banquete eucaristico, aprenderán de día en día a anunciar a Cristo en casa y fuera de ella, entre familiares e iguales, viviendo «una fe activa en la práctica del amor».45
El Sumo Pontífice Pablo VI el día 22 de octubre de 1973, aprobó, confirmó y ordenó la publicación de este Directorio preparado por la Sagrada Congregación para el Culto divino.
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1Cf. Sagrada Congregación del Clero, Directorio catequístico general, núm. 5: AAS 65 (1972), pp. 101-102.
2Cf. Concilio Vaticano 11, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 33.
3Cf. Sagrada Congregación del Clero, Directorio catequístico general, núm. 78: AAS 64 (1978), pp. 146-147.
4Me 10, 16.
5Cf. Concilio Vaticano 11, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 38; cf., también, Sagrada Congregación para el Culto divino, Instrucción Actio pastoralis, de 15 de mayo de 1969: AAS 61 (1969), pp. 806-811.
6« De liturgia in prima Synodo Episcoporum»: Notitiae 3 (1967), p. 368.
7Cf. Ritual de la misa con niños sordomudos de la Región germánica, aprobado y confirmado por esta Sagrada Congregación el día 26 de junio de 1970 (Prot. núm. 1546/70).
8Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núms. 14 y 19.
9Cf. Sagrada Congregación del Clero, Directorio catequístico general, núm. 25: AAS 64 (1972), p. 114.
10Cf. Concilio Vaticano II, Declaración Gravissimum educationis, sobre la educación cristiana de la juventud, núm. 2.
11Cf. ibid., núm. 3.
12Cf. Sagrada Congregación del Clero, Directorio catequístico general, núm. 78: AAS 64 (1972), p. 147.
13Cf. Concilio Vaticano 11, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 33.
14Cf. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, de 25 de mayo de 1967, núm. 14: AAS 59 (1967), p. 550.
15Cf. Sagrada Congregación del Clero, Directorio catequístico general, núm. 25: AAS 64 (1972), p. 114.
16Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium , de 25 de mayo de 1967, núm. 14: AAS 59 (1967), p. 550; cf., también, Sagrada Congregación del Clero, Directorio catequístico general, núm. 57: AAS 64 (1972), p. 131.
17Cf. Concilio Vaticano 11, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 35, § 4.
18Cf, ibid., núms. 42 y 106.
19Cf. «De liturgia in prima Synodo Episcoporum»: Notitiae 3 (1967), p. 368.
20Cf. Ordenación general del Misal Romano, núm. 56.
21Cf. ibid., núm. 11.
22Cf. Concilio Vaticano 11, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 28.
23Cf. Ordenación general del Misal Romano, núm. 253.
24Cf. ibid., núm. 19.
25Cf. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Musicam sacram, sobre la música en la sagrada liturgia, de 5 de marzo de 1967, núm. 55: AAS 59 (1967), p. 316.
26Ibid., núm. 62: AAS 59 (1967), p. 318.
27Cf. Ordenación general del Misal Romano, núm. 21.
28Cf. ibid., núm. 24.
29Ibid., núm. 23.
30Cf. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, de 25 de mayo de 1967, núm. 38: AAS 59 (1967), p. 562.
31Cf. Ordenación general del Misal Romano, núm. 23.
32Ibid., núm. 8.
33Concilio Vaticano 11, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 48.
34Ordenación general del Misal Romano, núm. 15.
35Ordenación general del Misal Romano, núm. 24.
36Ibid., núm. 33.
37Ordo lectionum Missae, segunda edición típica, Librería Editrice Vaticana, 1981, Prenotandos, núm. 77.
38Ordenación general del Misal Romano, núm. 33.
39Cf. ibid., núm. 11
40Cf. Consilium para la aplicación de la constitución sobre la sagrada liturgia, Instrucción sobre la traducción de los textos litúrgicos para la celebración con el pueblo, de 25 de enero de1969, núm. 20: Notitiae 5 (1969), p. 7.
41Cf. Ordenación general del Misal Romano, núm. 54.
42Cf. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Musicam sacram, sobre la música en sagrada liturgia, de 5 de marzo de 1967, núm. 32: AAS 59 (1967), p. 309.
43Cf. Ordenación general del Misal Romano, núm. 11.
44Cf. Missale Romanum, Plegaria eucarística II.
45Ga 5, 6.